Lidia vino a la consulta porque leyendo un artículo sobre
dependencia emocional, se sintió absolutamente identificada con lo que le pasó
con su anterior relación de pareja. Sufrió también maltrato psicológico hasta
que logró salir de allí. Su marido la trataba mal, la humillaba, le hacia
sentir que no valía para nada y logró que se creyera incapaz de conseguir nada
por si misma.
Ahora Lídia estaba en una nueva relación en la que explicaba
que estaba de maravilla. Era un hombre cariñoso, sensible, que la amaba y la hacia
sentir muy bien, aunque a veces le generaba celos y cierta ansiedad.
Su pareja, Alfredo, era un hombre muy sociable y
extrovertido, que tenía una relación especial con sus amigas y ex parejas.
Periódicamente, le gustaba ir a cenar y al cine con alguna amiga suya o con
alguna antigua novia con quien mantenía una buena relación. Y ésto, Lidia no lo
llevaba nada bien.
Ella se ponía terriblemente ansiosa cada vez que ésto
sucedía. No podía evitar sentir una mezcla de rabia, ira y celos, aunque en
verdad lo que le pasaba era tan simple como que eso que él hacía, no le parecía
bien.
Él pasaba largos ratos intentando explicarle las mil y una
razones por las que ella debía comprender que no hacía nada malo, que era algo
normal, que solo hablaban y se reían un rato con sus cosas...y lo cierto es que
cuando él le explicaba, ella lo comprendía, le parecía que incluso tenía
sentido y que debía hacer un trabajo personal para que eso no le afectara de
aquella manera.
Y es justamente en éste punto, donde empiezan muchos
problemas en las relaciones de pareja. A Lídia no le parecía bien lo que
Alfredo hacía. No le gustaba que su pareja hiciera eso, que se comportara de
aquel modo. Y por muchas veces que se repitiera a si misma que lo comprendía,
no lo aceptaba. Y por muchas veces que se repitiera que conseguiria aceptarlo,
que tenía que aceptarlo, eso no iba a pasar. Y no iba a pasar porque eso no
encajaba con su manera de concebir la relación, no encajaba con sus valores.
Cuando la manera de actuar de nuestra pareja no encaja con
nuestros valores más importantes, es absurdo que nos convenzamos y nos
obliguemos a aceptarlo, a que nos parezca bien su proceder porque no lo vamos a
conseguir.
-Si nos decimos a nosotros mismos que ya lo aceptamos,
estaremos renunciando a quienes somos, a lo que somos, a aquello con lo que nos
identificamos.
-Si entramos en una lucha despiadada por conseguir
aceptarlo, nos vamos a desgastar hasta tal punto que perderemos toda la energía
en el intento y lo más probable es que acabemos con algun síntoma físico
producto de la ansiedad que estaremos obligándonos a soportar.
-Si vivimos con la
esperanza de que él se de cuenta de que eso no está bien (eso creemos
nosotros), y ya llevamos años de relación, es absurdo seguir creyendo en
imposibles. Si eso fuera posible ya habría pasado, dadas las reiteradas
discusiones por el mismo tema. Si no ha hecho nada al respecto hasta el
momento, es porque no ve por qué. Es porque no entiende lo que sus actos
generan en nosotros, y al no ser capaz de ponerse en nuestra piel, no puede
proponerse modificarlos ni un poquito. O no quiere, lo cual me parecería
perfecto, ya que él es como es y tiene que encontrar una persona que lo acepte
y esté cómoda con su forma de ser.
Me gustaría sobretodo remarcar ésta última idea. No se trata
de juzgar u opinar sobre si está bien o mal la manera de proceder de Alfredo,
sino de ver si Lidia acepta que su pareja actúe así, si le gusta tener una pareja
que actúe de esa manera. Probablemente sienta incluso odio cuando eso
pasa. Y en éste caso, la relación no
tiene muy buen pronóstico.
Como siempre digo, estoy totalmente en contra de los que
opinan que una relación de pareja es una lucha, de que quien te quiere te hará
sufrir, etc. Una relación debe ser fácil, llevadera, hay que fluir. Si no
fluyes en ella, ¿qué sentido tiene seguir allí?
Sí, los celos no ayudan nada en la relación de pareja. Lo que ayuda de verdad es una relación basada en la libertad.