Esta Navidad… vamos a poner límites

La Navidad puede ser maravillosa: luces, fiestas, comidas con seres queridos, nostalgia y emoción… pero también para muchos es un momento de tensión, de ansiedad anticipatoria, y de frustración. Por eso, vamos a poner límites en Navidad. Y ya veréis como disfrutáis mucho más, y mejor.
¿Por qué cuesta tanto poner límites en Navidad?
Parte del malestar que nos generan estos encuentros con familiares (directos o políticos), compañeros de trabajo o amigos es porque nos frustramos o nos enfadamos con nosotros mismos porque no sabemos defender nuestra posición, o nos sentimos tan frustrados a la hora de protegernos que acabamos haciéndolo desde la rabia, algo que se vuelve en nuestra contra. Es por eso que es importantísimo saber poner límites desde el minuto cero, para que vivamos todo el proceso de proteger nuestro bienestar de manera más serena.
Tu bienestar es prioridad: poner límites con firmeza y respeto
Al poner un límite desde la tranquilidad, con cariño pero con firmeza, es como si nos diéramos de repente un estatus ante nosotros mismos que nos empodera y nos refuerza. Lo que ocurre es que muchas veces nos da tanto miedo sonar bordes, que nos juzguen o generar un conflicto que nos callamos. ¡Y es ahí donde está el salto de fe!
Ahí, en ese momento en el que sentimos ese miedo que nos achica tenemos que confiar en nuestro propio poder; en nuestra valía; en lo importantes que somos para ese grupo y, sobre todo, en lo importante que es este paso para nosotros mismos. Si estás dispuesto a intentarlo, ya tienes más de la mitad del camino hecho.
Pero soy consciente de que poner límites no es fácil (porque además, nadie nos ha enseñado a hacerlo), por eso te voy a dar algunas frases para que te ayuden a la hora de proteger tu paz. ¡Léelas varias veces y hazlas tuyas! Con tus palabras, pero creyendo lo que dices. Y visualízate.
Poner límites asertivos esta Navidad (ejemplos prácticos)
Cuando alguien hace comentarios sobre tu físico, tu forma de alimentarte o tu ropa
“Prefiero que no hablemos de mi cuerpo o de lo que como. Gracias”; o “Estoy bien así, no necesito comentarios sobre este tema, porque me hacen daño”. Y si insisten puedes decir “gracias por preocuparos, pero si seguimos hablando de esto, me voy a marchar un rato”.
Recuerda: se trata de nombrar el límite sin dar justificaciones y pon una consecuencia respetuosa.. Puedes explicar qué sientes si quieres, pero no des más explicaciones.
Si alguien opina sobre tu trabajo o tu vida personal
“Entiendo tu interés, pero no quiero hablar de esto ahora”; “Gracias por preocuparte, pero cuando quiera compartirlo ya te contaré”. Y si te presionan, simplemente insiste: “no es un tema que quiera tratar hoy; cambiemos de conversación, por favor”.
Recuerda: si no te escuchan no hace falta gritar, solo insiste. Insiste desde un punto de vista pausado y respetuoso, y si no, pon un límite tangible, cambiando de conversación o físico, marchándote a otra habitación. Pero insiste.
Cuando alguien hace algún comentario que te desagrada (sobre todo alguien con quien no tienes tanta confianza como con la familia política)
“Ese comentario no me hace sentir bien, te pido que no lo repitas, por favor”. “Prefiero que no hablemos de eso, por favor, gracias por entenderlo”.
Recuerda: no se trata de ganar una batalla de la razón, de demostrar tus motivos sobre algo o tu visión. Se trata de cerrar la puerta a algo que te hace sentir mal, y la mejor manera es poniendo un límite así, firme y con respeto.
En comentarios sobre dinero, gastos o aportación a regalos
“La verdad es que prefiero hacer un regalo por mi cuenta, pero gracias por pensar en mí”; y si hay comentarios irónicos, juiciosos o comparativos siempre se puede hacer un límite genérico “preferiría que no comparásemos, cada uno hace lo que puede”.
Recuerda: se trata de cerrar la puerta a la culpa y a la comparación. Recuerda que quien hace esos comentarios lo hace por su ego y para sentirse ellos mejor, no lo tomes personal, no pienses que es por ti. Se trata de que vivas en paz con tus decisiones y de que no permitas que las cuestionen.
Cuando sientes que te están exigiendo hacer más que a los demás (porque siempre hay alguien que ayuda más), o más de lo que te gustaría dar.
“Me encantaría ayudar pero este año no puedo asumir más tareas. Si queréis, podemos pensar cómo repartirlas para que nos dé tiempo a todos”.
Recuerda: no vas a ser más valioso por ayudar más, ni por cargarte con más cosas, ni van a dejar de quererte o importarles porque no puedas ayudar. Se trata de que aportes igual que el resto y/o dentro de tus capacidades, y que se pueda hablar de ello sin reproches ni chantajes.
Cuando te presionan o te reprochan que no pases más tiempo con ellos
“Entiendo que os gustaría que me quedase más y os lo agradezco muchísimo. Lo que pasa es que necesito un poco de tiempo para descansar” o “un poco de espacio para mí”.
Recuerda: de lo que se trata aquí es de validar su emoción (ellos quieren que te quedes porque te quieren), sin sacrificar la tuya. Por eso es importante también poner el límite expresando comprensión y agradecimiento. Eso te hará, además, más fácil el momento.
Cuando empiezan las discusiones políticas o alguien eleva el tono
“Si hablamos con respeto, continúo, si no, prefiero parar aquí”; o “no voy a discutir más; si quieres seguir tú, yo me aparto un momento y luego vuelvo”.
Recuerda: es importante, especialmente en este caso en que ya hay tensión en la conversación, que elijamos palabras que no incendien más el ambiente. Poner un límite no tiene por qué ser brusco ni agresivo. Es mejor parar amablemente, sin pensar en quién tiene la razón o quién no, pero proteger nuestra serenidad y nuestra integridad, sin dejar que nadie se adentre en una zona donde no queremos que entren.
¿Cómo deben ser los límites?
- Cortos y claros. Sin demasiadas explicaciones ni rodeos. Dí qué necesitas.
- Describe qué pasa y habla de cómo te sientes tú, sin acusar a nadie.
- Ser respetuoso pero firme. No hace falta levantar el tono ni justificarse de más. Insiste en lo que necesitas desde la coherencia.
- Agradece (si corresponde) la intención del otro. Validar no es ceder, es entender que tal vez no haya mala intención “Gracias por intentarlo pero…”.
- Evita explicaciones innecesarias. Un límite no es un debate, es una decisión.
- Nombra la consecuencia de manera calmada: “si seguimos así, mejor me voy…”.
- Sé coherente contigo mismo: no pongas límites que no estés dispuesto a sostener.
Recuerda que poner límites no es ser egoísta, es cuidar de ti. Si alguien te dice algo, puedes reflexionar y considerar sus argumentos o sentimientos, pero actúa desde un lugar donde te sientas bien, no desde la culpa.
¿Estáis dispuestos a intentar poner límites estas Navidades?
Espero que sí, y que a la vuelta me contéis.
¡Muchas gracias y feliz Navidad!
Besos, Silvia.
CÓMO PODEMOS AYUDARTE
- Un libro: Autoestima automática de Silvia Congost para creer en ti y alcanzar tus metas.
- Los Grupos de Autoestima de Silvia Congost. Descubre las nuevas fechas.
- Un vídeo curso: Fortalece tu autoestima.
- Un evento: la Gira Objetivo Amarte 2025. ¡Consigue ya tu entrada!
- Con nuestro método de terapia breve, en la mayoría de casos en menos de 10 sesiones se alcanzan los cambios que uno necesita. Puede ser presencial u online.
- Para profesionales: cómo convertirte en experto en dependencia emocional y autoestima. Formación para profesionales
