Cristina F.

E.S.
13 julio, 2016
Nerea F
13 julio, 2016
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Cristina F.

Mi situación de enganche emocional no fue de relación de pareja, sino de amistad, sé que sonará difícil de entender, pero así fue. Tenía una amiga junto con la que surgió la oportunidad de ir a trabajar a una ciudad distinta a la nuestra, y cómo está la situación económica la aprovechamos, además de ir a trabajar a la misma empresa, conocer un sitio diferente lo vi como una aventura y un reto. Nuestra amistad se fue estrechando y así se convirtió en mi mejor amiga, teníamos una confianza muy especial, y yo creo que durante un tiempo era recíproco, hubiera hecho por esta persona lo que hiciera falta.

Es raro como llegas a la dependencia emocional porque al principio todo era fantástico, o al menos yo lo percibía así, estábamos todo el día de risas, mandándonos mensajes, planeando hacer cosas,… nunca había congeniado tanto con otra persona a nivel de amistad, y claro intenté cuidar esa relación a tope. Para mí aprovechar esta oportunidad profesional, una nueva etapa al lado de una persona que sentía como una hermana como le decía muchas veces, era un regalo. Pero con el tiempo todo empezó a cambiar porque es cierto que nos costó adaptarnos a un sitio tan distinto del que proveníamos y estábamos casi siempre solas ya que aunque siempre hacíamos cosas y les ofrecíamos a la gente del trabajo participar de los planes que proponíamos, no siempre se unían porque ellos ya tenían sus vidas, o simplemente no les apetecía… con lo que siempre acabábamos ella y yo, o yo y ella, y el roce hace el cariño pero también rozaduras… En situaciones donde antes veía que era atenta en cosas como “mándame un whatsapp cuando llegues a casa” si salíamos por la noche luego veía control, donde antes era detallista cómo en preguntarle “cómo estaba, cuando estaba enferma, y que si necesitaba algo” empezó a ver agobio, pero yo ya me había acostumbrado a estar siempre en contacto por cualquier cosa por mensajes, o por teléfono, porque desde el principio estábamos así. No fue una etapa fácil para ninguna de las dos porque la ciudad no era lo que esperábamos. Y aunque vivíamos cada una en su piso, si había una situación de convivencia porque pasábamos mucho tiempo codo con codo, en la empresa y fuera, pero en ese momento no había más opciones aunque nos habíamos apuntado a cosas para conocer gente nueva, y a la hora de la verdad siempre éramos las dos. Y claro no era lo mismo estar una semana de vacaciones de relax que vernos día a día, he de reconocer que ya no sabía como acertar, si hacía porque hacía y si no hacía porque no hacía, si estaba pendiente de ella era una pesada y si no era mala amiga, cosas como pedir la misma bebida o tener ropa parecida ya era un problema, realmente tenía miedo a fallarla porque la situación cada vez era más tensa. También delante de la gente muchas veces prefería callar a decir algo que pudiera molestarle porque ya eso suponía una semana o más sin hablarme, eso para mí era un castigo, lo pasaba muy mal, y yo me hacía pequeña y le pedía perdón. Y aunque a veces tenía razón a veces no, porque las cosas no son ni blancas ni negras. Cuando estaba conmigo estaba todo el rato con el móvil en tanto que yo si me llamaban ya contestaba que más tarde devolvería la llamada. De la parte bonita pasamos a tener peleas casi de manera continua, pero cuando estás en situación de dependencia emocional esperas tanto que sea una mala racha y que todo vuelva a ser bonito como antes que lo justificas, y te excusas y excusas a la otra parte, … con la esperanza de que es una etapa te metes en un bucle peligroso, yo cada vez sufría más y cada vez sentía que tenía que dar más por menos cariño, con lo que cada vez estaba más atenta, pero sin que la cosa mejorase con lo que cada vez me sentía peor. No voy a decir que toda la responsabilidad fuera suya porque en las cosas de dos la responsabilidad es compartida, por intentar agradarla a ella y a los demás me fui perdiendo a mí misma por el camino, no saber decir no… Y aunque es cierto que llevábamos los últimos meses mal y yo se lo comenté a una amiga común que se había dado cuenta de que cuando yo estaba triste coincidía que estaba distanciada de mi amiga, yo con la intención de tener una opinión externa y que ayudara a mejorar la relación, esta persona me dijo que no sabía por qué soportaba que me tratará mal, que ella en alguna ocasión había presenciado contestaciones o gestos que no le parecían procedentes pero que eso eran cosas nuestras, y claro mi “mejor amiga” no soportaba mucho a esta persona y me decía que viera lo que ella agobiaba para yo entendiera lo que la agobiaba yo a “ella” y me distancie de esta amiga común por no desagradar a la que era mi mejor amiga, sé que no lo hice bien con esta amiga, pero no sabía ya cómo acertar.

Un día me dejó de hablar definitivamente y para mí fue el fin del mundo, además no es que pasara en el peor momento por lo que no lo esperaba cuando sucedió, aunque en mi intuición me decía que esto no acabaría bien,… no entendía que hacía un mes justo habíamos hecho un viaje que lo pasamos genial donde parecía que lo “bueno” había vuelto y ahora nada, peor que dos extraños, me dijo que tiempo y espacio pero realmente fue la manera diplomática de decir adiós.

Yo intenté rescatar nuestra amistad en ese “tiempo de espera”, sin éxito, le pedí perdón, le prometí que cambiaría, que haría lo que hiciera falta pero que no rompiera nuestra amistad, que no debí hablar con esta persona pero necesitaba una opinión cercana,… me arrastré, me rebajé hasta tal punto que mi autoestima y dignidad tocaron fondo. Lo pasé muy mal, adelgacé mucho, estaba nerviosa, triste, me sentía culpable y rota porque lo di todo y me quedé sin nada. Mi gente y mis amigos, porque en estas situaciones te das cuenta de quienes lo son, me aconsejaban que me alejara y aceptara que se había acabado, y que era lo mejor (lo que me hacía más daño) incluso antes del punto y final porque veían que esa amistad no era sana, hubo gente que como éramos tan amigas llegó a pensar que éramos pareja aunque no era así, lo que empeoró las cosas más aún. Aunque he de decir que hubo un tiempo en el que yo creo que todo fue sincero y me quería, pero nunca decía nada por no molestar, que eso también es responsabilidad mía, pero era la esperanza de volver a los buenos tiempos. También fue duro ver que gente que yo quería y consideraba amiga había dejado de estar, pero estaba tan mal por lo principal que no veía los efectos colaterales. Yo no tenía herramientas para salir del agujero, al ser amiga y a la vez compañera de trabajo fue difícil que no se notara el distanciamiento porque pasamos de ser uña y carne a que si había que coincidir por trabajo irse lo más lejos posible de mi lado o negarme el saludo, todo esto por supuesto que afectó a nuestro entorno laboral y personal. Y yo estaba en un estado de ansiedad que no podía soportar.

Un día escuché en la radio que hablaban de una psicóloga que había escrito un libro para superar la dependencia emocional, y escuchándola hablar me parecía que era una señal, porque de hecho no suelo escuchar la radio, así que leí el libro de Silvia Congost, “Cuando amar demasiado es depender”, me sentí muy reflejada, me ayudó muchísimo las pautas que daba, pero la más importante sin duda que es el “contacto cero” no la podía cumplir porque coincidíamos en la empresa, en las cosas con amigos si iba yo ella no iba (aunque no habláramos) con lo que me sentía aun peor, así que a pesar que la ciudad en la que vivía me gustaba decidí marcharme y empezar en otro sitio porque su rechazo seguía siendo muy doloroso para mí, sentía mucha culpa, pena y miedo.

En estas situaciones he de decir que no es fácil para ninguna de las partes, sé que lo paso mal también, pero a pesar de eso le deseo lo mejor, y aunque cambiar nuevamente de ciudad me dio miedo porque era volver a empezar ha sido un renacer. Así que en la nueva ciudad decidí empezar terapia con Silvia, quería reforzar mi autoestima porque la verdad que el último año me convertí en la sombra de mi misma, es fácil que te digan que olvides pero hay que saber cómo hacerlo, yo quería cicatrizar bien la herida. No quería volver a tener que pasar por una situación así ni en una amistad ni con un novio o marido, con un jefe, ¡¡ni con nadie!! así que tras unas cuantas sesiones, así como siguiendo estrictamente sus consejos y pautas (aunque algunas me costaron) empecé a volver a ser yo, a cuidarme y quererme, y sin duda cuando la gente me ve y me dice “vuelves a ser tú” es el mejor cumplido que me pueden decir, o los que no saben lo que ha pasado me dicen que “estás mejor que nunca” empiezas a ver todo de otra manera. Aun no estoy al 100%, porque hay días que también siento nostalgia, pero ya me siento en el camino. Por eso quiero animaros a todos los que lo estéis pasando mal, porque creo que no nos enseñan a querer bien, a veces canciones como “sin ti no soy nada”, etc. O refranes como “quien te quiere te hará llorar”, “amores reñidos son los más queridos”… no ayudan. Se puede salir, y si hay que pedir ayuda es mejor hacerlo que quedarse en el bucle.

Agradecer a Silvia su profesionalidad y humanidad, gracias de corazón

Cristina F.

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