Eli F.

C.T.
13 julio, 2016
Andrea V.
13 julio, 2016
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Eli F.

Hace poco más de cuatro meses empecé a sentir que a mi vida le faltaba equilibrio y estabilidad. Noté poco a poco dejaba de funcionar.

Suponía que este sentimiento había penetrado en mi por algún motivo, aunque preferí no prestarle atención. Decidí apartar las preocupaciones y seguir como si nada. Aun así, llegó un momento en que mi malestar atravesó ciertos límites: no tenía ganas de hacer nada más que llorar, sentía que mi seguridad y mi fuerza estaban por los suelos, no veía nada más que oscuridad, una soledad profunda al final de mi vida. No sabía exactamente por qué una chica de 19 años podía tener esa sensación. Finalmente decidí acudir a ti, Silvia

Tu me hiciste ver que he estado dormida durante 13 años de mi vida. 13 años en los que han predominado sentimientos de odio, rabia, miedo, malestar y rechazo. Sentimientos que en realidad, ahora se que no eran más que el reflejo del malestar de otra persona, sentimientos que en el fondo, no eran míos. Los aprendí. Los copié. Los reproducí.

He estado despreciando durante 13 años a la persona que más quiero en este mundo, la más importante de mi vida y hacia la cual jamás pronuncié un “te quiero”, jamás le di un abrazo profundo y sincero, jamás llamé interesándome por él, jamás le pregunté “¿Eres feliz, papá?”

Tras la primera sesión que hice contigo, Silvia, no podía creer aquello de lo que acababa de darme cuenta. Tu me hiciste ver cosas que jamás habría imaginado, me hiciste ver que todos los sentimientos negativos que tenía hacia mi padre no eran míos en absoluto. Los había aprendido y reproducido. La rabia no era mia pero la había aprendido y copiado de mi entorno. Era la rabia que había absorvido durante esos años.

Hasta hoy he estado actuando, hablando, odiando y queriendo a través de otra persona. Gracias a ti, Silvia, a tus tiernas palabras y a tu afecto hacia mi, he visto que debajo de esos sentimientos de odio, rabia y rechazo se escondía un amor enorme, el deseo, la importancia, la lealtad y muchas ganas de vivir, de recuperar el tiempo perdido, de perdonar.

Gracias a ti, ahora me siento capaz de llamar a mi padre un dia cualquiera y preguntarle cómo está, ir con él en el coche y preguntarle si es feliz, y decirle que le quiero y no sólo decírselo, también snetirlo de una manera tan fuerte que sólo con pensarlo me pondría a llorar.

Es increíble como con tan solo dos meses, has conseguido canviar mi forma de pensar y de ver las cosas. Me has hecho una persona fuerte, Silvia, me has ayudado a recuperar a la persona más importante de mi vida y para mi esto no tiene precio.

Me has ayudado a sacar las barreras que había en mi camino desde hacía tiempo, una pared que no me permitía avanzar y que no me permitía ser feliz del todo, que no me permitía brillar, como tu dices.

Me he liberado del peso que llevaba encima desde que mis padres se separaron. He aprendido a amar lo que tengo y a ver que me quieren también. He aprendido a respetar a aquellos que me quieren y a pensar por mi misma. A ver que yo tengo un valor insuperable.

El agradecimiento que siento hacia ti es inmenso, tu manera de trabajar conmigo y cómo te has implicado, han hecho de mi una persona segura, fuerte y capaz de ver lo que antes no veía. Me has hecho capaz de retirar la cortina de odio que tenía hacia mi padre y que me estaba destruyendo. Ahora se que soy capaz de salir de mi escondite, ahora puedo salir a la luz y recuperar el amor que siempre ha estado a pesar de que no lo viera.

Muchas, muchas gracias. Ha sido un placer indiscutible escucharte. Hasta muy pronto.

Eli F.

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