Dependencia emocional

    ¿Autoengaño o aceptación?

    ¿Por qué a veces nos autoengañamos casi deliberadamente a pesar de las nefastas consecuencias que eso tiene para nuestro bienestar emocional? ¿Por qué nos pasa tan a menudo que nos […]

    ¿Autoengaño o aceptación?
    ¿Por qué a veces nos autoengañamos casi deliberadamente a pesar de las nefastas consecuencias que eso tiene para nuestro bienestar emocional? ¿Por qué nos pasa tan a menudo que nos negamos rotundamente a aceptar que la otra persona no nos quiere y que nunca lo va a hacer?

    Es cierto, la mayoría de nosotros no disponemos de una bola de cristal que nos pueda asegurar lo que va o no va a pasar, pero en las relaciones de pareja, hay determinados casos en los que es de lo más fácil predecir el futuro.

    Siempre digo lo mismo:

    Aceptación es la palabra. Si practicáramos la aceptación de lo que es, viviríamos muchísimo más tranquilos, os lo aseguro.

     En primer lugar, hay que saber diferenciar entre lo que es y lo que elegimos:

    Lo que es, es algo que no depende de nosotros. Si muere un familiar, eso es lo que es, no tengo nada que ver con ello ni puedo hacer nada para que vuelva. Hay que procesarlo, asumirlo y finalmente aceptarlo. Solo así podré seguir adelante de manera sana y constructiva
    Si estoy con una persona tóxica o que no me trata como yo deseo, eso no es lo que es, es lo que yo estoy eligiendo. Aquí no vale decir el típico “Es lo que hay”, porque no es así. Tengo eso porque yo lo he decidido, pero cuando diga basta y haga un cambio, la situación será diferente. Probablemente mejor.
    Cuando la otra persona se va, nos deja y le/la vemos que rehace su vida, que sigue adelante y que incluso puede que ya esté con otra persona, aquí no hay nada que alimentar, nada por lo que luchar, ni nada por lo que decidir morir en vida. El otro decidió, se fue y no hay más que hablar. Hay que ACEPTARLO.

    Aun así, aunque de entrada parezca tan lógico y evidente, la realidad es que muchas veces no lo hacemos. Nos auto engañamos, creyendo y creando esperanzas y sueños maravillosos en nuestra mente, dignos de la mejor película de Walt Disney.

    Creencias irracionales del tipo:

     -“Quizás si sigo en contacto con ella, al final un día se dará cuenta de que me quiere y que nadie la ha tratado como yo y volverá a mí”

    -“No quiero cortar el contacto con ella porque así no se olvidará de mí y tengo posibilidades de volver”

    -“Ya sé que está con otra, pero si sigo aquí esperando y apoyándolo cuando me necesite, cuando se canse de la otra quizá volverá”

    ¿Dónde hemos escondido nuestra dignidad, en estos casos? ¿Dónde estamos nosotros?

    Sin duda, cuando nos engañamos de esa manera, alimentando falsas esperanzas que no tienen ningún sentido racional, nos autodestruimos y nos vamos perdiendo poco a poco, día a día. Dejamos de ser quien éramos, de estar ilusionados, de hacer las cosas que nos gustaban, de sonreír. Todo es el otro, nuestra obsesión crece y solo pensamos y actuamos en función del él.

    Cuando estamos así, es muy importante pedir ayuda. Agarrarnos a los pocos segundos de lucidez que podamos tener y hacerlo entonces. Si en algún momento concreto vemos que eso no puede continuar, que no es normal, que no es racional, debemos pedir ayuda. Es la mejor manera de curarnos, fortalecernos y evitar volver a encontrarnos en una situación similar.

    Por Silvia Congost·Publicado: 6 julio 2014
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