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12 enero, 2018
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El chico del bus

María era una chica normal. Exitosa en su trabajo como interiorista. Tenía una imaginación sin barreras y eso, como ella misma decía, la ayudaba a visualizar escenarios que otros, por mucho que lo intentaran, no conseguían ver.

Tenía una relación estable en la que se sentía muy a gusto. Siempre había sido de relaciones duraderas porque estas hacían que se sintiera segura y le aportaban paz, a la vez que le recordaban que había conseguido lo que todos persiguen…ese amor que te permite que no tengas que preocuparte nunca más por el miedo a la soledad.

No obstante María era una mujer con bastante inseguridad. Su autoestima no era muy buena y eso la llevaba a tener conductas que a veces pueden generar confusión. Me confesó algo que le ocurría con frecuencia pero que nunca antes había comentado a nadie.

Cada martes, al salir del despacho, cogía un bus para ir a clases de inglés. Justo en la misma parada, subía un chico que debía tener unos pocos años más que ella. Se le veía un chico simpático, siempre sonreía a todo el mundo. Al hacer cada día el mismo trayecto, se conocía con el resto de pasajeros y con el conductor. Todos le saludaban.

María, sin embargo, se aislaba detrás de sus cascos, con su música, enredada en sus pensamientos. O por lo menos intentaba parecer aislada, ya que no perdía detalle de lo que sucedía a su alrededor. Se fijó pronto el él, porque era el único del bus que la saludaba cada martes. Eso la hacía sentir bien. Sin embargo, en seguida tenía pensamientos del tipo “demasiado bajo”, “camina raro”, “dónde va con esos auriculares que parece la dama de Elche” … El chico era simplemente simpático y a ella le parecía que cuando la veía, siempre quería saludarla. Sentía que, si ella no estuviera siempre protegida por sus cascos, él probablemente le hablaría. Pero su inseguridad la hacía adoptar siempre esa actitud un tanto repelente.

Un día incluso él se sentó a su lado porque no quedaba más sitio, y ella le sonrió, pero siguió con su música en las orejas, aunque por dentro se sentía nerviosa.

Estuvo un tiempo así hasta que un día, empezó a pensar más en él. Un día que le habría podido decir algo, pero no lo hizo. Se fue a su casa y de repente, sin saber por qué, le tenía en la cabeza. ¿Cómo sería hablar con él? ¿Y cómo sería que él estuviera interesado en ella? ¿Vivir un enamoramiento con él? Empezó a fantasear con este tipo de pensamientos, que parloteaban dentro de su cabeza. Y fue así, como se dio cuenta de que esto lo había hecho toda la vida. Fantasear.

Imaginar situaciones de enamoramiento con otras personas, imaginar que esas personas se sentían atraídas, que les gustaba. Y es que esa especie de arrogancia que desprendía María, no era más que su inseguridad, sus ganas de gustar y su miedo al rechazo, a no ser aprobada o reconocida.

Con su actitud, nadie se acercaba a ella, ni tampoco gustaba, porque lo que transmitía no era apertura y humildad sino todo lo contrario.

Es curioso como muchas personas dan una imagen de arrogancia y lo único que sienten en su interior es una profunda inseguridad. Cómo pueden parecer prepotentes y rozar la aparente estupidez, y sentirse totalmente inferiores al resto. Y es que María se preguntaba, ¿por qué soy así? ¿por qué me pasa esto? ¿por qué no puedo hablar con todo el mundo sin problema sin pensar en que voy a crear falsas expectativas o sin miedo a creármelas yo?

María se daba cuenta de que siempre, desde pequeña se recordaba igual. Insegura, inadecuada, imperfecta, inferior. Con dificultades para gustar o incluso se reían de ella a veces. Todo esto deja una huella muy profunda en nosotros. Cuando “la guapa” siempre es otra y la popular no eres nunca tú, en la adolescencia va dejando rastro.

La cuestión es que esto es un terreno peligroso. ¿Qué pasaría con María si teniendo tanta inseguridad, no adoptara esa actitud más distante? ¿Qué pasaría si el chico del Bus, viviera las barreras que ella ponía, como un reto apetecible de conseguir? Tal vez todo lo que ella veía era producto de su imaginación. Tal vez el chico la había visto pero no tenía ningún interés en ella, o tal vez sí.

La cuestión es que ella tenía una relación de pareja sana y que fantasear de esa forma con otra persona, algún día le podía traer problemas. Si nos centramos en alguien y estamos pensándolo constantemente, día tras día, esto hace que tengamos más ganas de verle. Y si le vemos, puede que después llegue un día en el que estemos extrañamente simpáticos y abiertos y no pongamos ninguna barrera ni ningún filtro. Y al no ser algo natural, puede generar expectativas extrañas en uno mismo o en el otro.

Y también puede ser que, si María no hubiera tenido pareja, hubiera actuado igual, pero al mostrar él un poco de interés más claramente, ella cayera rendida ante sus palabras de galanteo. Cuando una no está acostumbrada a que la llamen “princesa” o “corazón” y de repente va uno y te lo dice, es fácil que el corazón te de un vuelco y sientas las mariposas en el estómago. Aunque sea por una persona que ni siquiera te gustaba. Que ni siquiera te gusta, porque aún no lo conoces bien o nada….

¿Qué puede pasar si coqueteamos con el deseo oculto detrás de nuestras inseguridades?

11 Comments

  1. Montse dice:

    De algún modo cedemos a nuestras inseguridades, a las ganas de sentirnos desead@s, reconocidos o querid@s…pero a qué precio?…nos olvidamos las listas de lo que si nos gusta, queremos, buscamos, en una relación y en el otro…no ponemos en la balanza la parte saludable de lo que deseamos y nos dejamos llevar por la fantasía por el impulso…cómo equilibrar lo que buscamos des de la razón y la conciencia a ese impulso que en la monotonía nos puede hacer sentir vivos?

    Sé la respuesta: se precisa, de voluntad, constancia, de cuidado a una misma, pero cuando se olvida…o se deja de lado…o surge los “y si”…ahí es la entrada, la predisposición a sufrir, a aprender de nuevo, a… .A veces es duro mantener esa intención de cambio aunque se sepa lo que debería de ser lo adecuado. Entonces que se puede decir o hacer una?

  2. Patricia dice:

    A mi me pasa esto. Qué debería hacer?

  3. Gemma dice:

    Pues que entre en tu vida la persona más inadecuada e incluso ni deseada por ti misma, pero la búsqueda constante del que “te llamen princesa o corazón” te hace aceptar lo inaceptable, andando por terrenos muy peligrosos hasta que no tomas conciencia, o te ayudan a tomarla, de lo que estás haciendo día tras día.

    Leerte ha sido como ponerme un espejo delante y verme a mi misma no hace mucho tiempo.

    Muchas gracias, Silvia!

  4. Charo dice:

    Nunca me había planteado esto desde este punto de vista… ¿Será esa pseudo- arrogancia lo que desprendo? Porque me siento totalmente identificada, aunque después de haber tenido relaciones muy duraderas, llevo años sin dar pie con bola y coincidiendo con personas que no quieren relaciones…

  5. Mari dice:

    Qué hacer cuando ya sabes eso:

    “esa especie de arrogancia que desprendía María, no era más que su inseguridad, sus ganas de gustar y su miedo al rechazo, a no ser aprobada o reconocida”.

    No es la primera vez que me dicen que no parezco necesitada, que no si llego a un lugar no parezco disponible…y me pregunto, que se supone que debo hacer cuando llego a un lugar?

    Dar vueltas por el lugar? llego a compartir y no pongo atención a quien entra o sale del local… no me afano por gustar sin embargo si me da tristeza no despertar ninguna emoción en una persona, ser invisible.

  6. Myriam dice:

    Me identifico totalmente con María.Siempre huyo de la gente,también he de decir que padezco de fobia social por lo q me es difícil interactuar con la gente…por que pienso…si les interesará lo que hablo…si mi compañía les agrada…Bueno..quizá en esta página alguien este pasando por lo mismo. Mis felicitaciones a Silvia Congost…tus libros son maravillosos y me ayudan mucho.

  7. Silvia dice:

    Yo tbén me siento identificada con María y aún sabiendo el motivo por el cual actúo de esa manera sigo teniendo esa fóbia social tbén y no sé q hacer para vencerla y desprender apertura , positividad, fluir en definitiva…no fantasear, no tener expectativas…cómo se hace????

  8. Emilia dice:

    Yo soy María. He tenido problemas y he tenido varias relaciones con diferentes duraciones. Ahora he cerrado las puertas hasta estar en condiciones emocionales pero….me faltan herramientas para comenzar y mantener una relación sana. Por otro lado que características tiene una relación sana?

  9. Clemencia dice:

    Lo que le pasa a la muchacha el prejuicio a no ser aceptada ,querida por un hombre. Le pasa a uno también y prefiere la soledad que pasar ese tamiz que uno prejuzgar que sólo gusta de uno la parte física y no a si integridad como persona.
    Ante esos miedos uno no avanza pero miedo a todo, porque son momentos de incertidumbre al que me responderán

  10. Pepa dice:

    Impresionada por esta exposición. Creer que esta situación solo le ha pasado a una. Excelente.

  11. Elsa dice:

    Hola!!!
    Soy Maria al 100. Yo a pesar de tener pareja estable, actúe como Maria y una vez que el chico moreno se acercó a mi fui la reina del mambo.
    Pero después llegaron mis inseguridades, desconfianzas, todo. Y eso es un camino tortuoso, muy lamentable y muy triste.
    Ahora no se que hacer.
    La realidad; el problema no está en los demás sino en mi.
    Pero como superarlas?
    Como cambiar?
    … en ello estoy
    Saludos

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